Mi nombre es Claudia Andrea Corral
Las deliciosas ciruelas del árbol en casa de mi amado amigo Adrián, en Chilecito, Argentina.

 Hola.

Mi nombre es Claudia Andrea Corral.

Antes de continuar quiero decirte que no soy super-especialista en algo en particular.

Me siento atraída simultáneamente por diferentes actividades, personas, situaciones, géneros musicales y sabores de helado.

“Es así”, diría mi madre.

Lo más lejos que he llegado es a emigrar de mi país de origen, parir y criar a mi hijo en equipo con mi compañero y entrenar mi atención como un músculo imprescindible para mi supervivencia y disfrute.

Y hoy puedo escribirte porque antes he sobrevivido a 6 meses en cama siendo una niña de 8 años, a una educación religiosa letal, a una ola alta como yo que casi me borra del mapa…Y más cositas que no vienen al caso.

Lo único cierto para mí es que ahora estoy aquí y nada de lo anterior me define.  Sólo me dió una forma que ha ido cambiando todo el tiempo.

Y cuido de que eso continúe ocurriendo.

Sobre todo cuido los detalles. Simplifico. 

Atiendo lo pequeño. Y lo sostengo. Eso es lo que hago.

Aprendo cómo acompañarme amablemente en esto tan complejo de vivir. Y sigo en ello.

Mientras, ayudo a más personas a lograrlo con este PROGRAMA para el desarrollo de la ATENCIÓN PLENA a través de la práctica del Mindfulness.

*
En esta página puedo contarte cómo entrenando tu ATENCIÓN PLENA a través de la práctica del Mindfulness, puedes sentirte preparada para vivir lo que traiga tu día a día, recuperando un estado de equilibrio al que puedes regresar en momentos difíciles y cada vez que lo necesites.

Y ES QUE LO PEQUEÑO TIENE UN GRAN VALOR

Fíjate: estas cortando una zanahoria y mientras lo haces piensas en esa conversación de anoche: qué te dijo, que le dijiste, etc, etc.
Mientras: ¿Quién está al mando de ese cuchillo que rebana la zanahoria? o ¿Quién va conduciendo el coche? o ¿Quién escucha lo que tu hijo-madre-compañero-amiga está compartiendo contigo?

o ¿Quién ocupa tu cuerpo mientras transcurre este día de hoy, este pequeño y exacto momento que ya no volverá?

Y esto funciona casi como los números:  si sumas dos o más “pequeños” momentos, haces algo más grande. Una vida, por ejemplo: LA TUYA. Algo de inmenso valor lleno de esos momentos en los que tú no estás.

En tu lugar hay alguien “haciendo algo”, en modo automático.
Mientras tú quién sabe por dónde andarás.

¿Te suena a bolero? Pues no lo es en este caso. Es un modo de estar, de NO VIVIR la vida. 

Si es el tuyo y te funciona quizás no te interesa lo que voy a contarte.

Si en cambio quieres saber cómo una persona puede pasar de ese modo automático de vivir, en el que da vueltas y vueltas a algo que sucedió o que quizás no suceda, a otro modo que le aporta tranquilidad y capacidad de respuesta, sigue leyendo.

Quizás sea útil para ti y continúo contándote cómo.  

Y ya que estamos en el tema:

¿Qué tal tus pies?

No los mires. Sigue leyendo.
 
¿Los sientes?
Su posición,
temperatura,
puntos de apoyo,

algo allí?

 
Pues eso que has hecho para responder a mi pregunta ha sido un movimiento de tu atención hacia tus pies. Posiblemente directo y sin escalas. En unos segundos.
O de algunos minutos con varias paradas en el camino. Ambas son válidas.
Tanto si has sentido algo como si no, lo valioso es que has hecho un movimiento voluntario, desde lo que estabas atendiendo te has trasladado hacia tus pies para recibir alguna sensación desde allí.
Pero no ha sido automático. Has activado una habilidad humana en ti: la atención.
Bien. Sigamos.
Este movimiento de tu atención se repite miles de veces durante un día, casi siempre captada por estímulos que te llegan desde fuera, situaciones que ocurren a tu alrededor o creaciones de tu propia mente.
También por los famosos pensamientos, compuestos de opiniones sobre algo, teorías, críticas, proyecciones, predicciones, juicios, etc. Y así vas, detrás de esos pensamientos, reaccionando con emociones o acciones impulsivas, más o menos convenientes.
Resultado: estás agotada y confusa. Sin control de tu recurso más valioso: tu atención. “EL” alimento para todo lo que quieras cuidar y hacer crecer en tu vida.
 

Miguel lo tenía muy claro y me lo avisó.

Hace algunos años, mientras hacía mi caminata muy temprano por la mañana desde el pueblo donde vivo al pueblo vecino, me lo encontré.

Caminaba a buen paso, aunque lento para mí, que venía casi corriendo.

Parecía un niño con su pequeña mochila mirando a su alrededor con curiosidad.  Cuando pasé a su lado lo miré a los ojos:

Buen día.-le dije

Buen día… paseando? –agregó él.

Tomando el aire de la mañana que me gusta mucho-. le respondí. Y tú? ¿Vives por aquí?

No. Ya pasé por aquí hace algunos años…ahora parece todo muy cambiado. Esta es la tercera vuelta que doy a la península…caminando. Todo el perímetro de España y Portugal.

Por mi cara de sorpresa y fascinación él quizás entendió que podía contarme más, que lo escucharía encantada. Así que continuamos caminando, a su ritmo.

Por favor, cuéntame algo de esas caminatas.-le pedí entusiasmada.

Por supuesto…aunque, comenzaré por el final:  

«Durante estos años caminando, así, como me ves ahora, con esta mochila y nada más,  nunca me ha faltado comida y techo bajo el cual dormir.»

 -¿Cómo es posible?– le pregunté casi en un susurro. 

Se hizo un plácido silencio y luego Miguel me miró sonriendo.

 –Es totalmente posible.  Te digo cómo empezó.

Antes de comenzar esta caminata mi vida consistía en trabajar en el taller de tapicería del pueblo y luego regresar a casa…a continuar con más tareas.

Y es que siempre había algo para resolver, reparar o planificar. Alguien a quien atender, llamar o responder. Siempre estaba ocupado haciendo algo para mí o para otras personas.

Suena a una vida segura, tranquila y entretenida, verdad?

Sin embargo, yo me esmeraba en darle fin a mis tareas y a los problemas, a veces pequeños y otras no tanto. Mantenía la ilusión de que «algún» día eso cambiaría y podría descansar de todo. 

Pero aparecían nuevos desafíos.  

Mi preocupación nunca desaparecía. Es más, no paraba de crecer. El día era una cuesta arriba, incluso por cualquier tontería…conoces esto?

No lograba dormir bien y alimentarme como necesitaba. Me sentía aislado, débil. Me faltaba energía para las tareas más simples. Me estaba agotando poco a poco.

Una mañana, camino al taller, noté que soplaba viento caliente y que el aire olía a humo. 

Sabiendo lo que eso podía indicar miré alarmado a lo lejos pero no había indicios de fuego.

Sin embargo al llegar a mi lugar de trabajo los vecinos me avisaron que se había desatado un incendio en la serranía alrededor del pueblo.

Corrió la voz y algunos de nosotros cerramos las casas, las tiendas y corrimos al lugar para dar apoyo a los bomberos.

Logramos hacer una cadena humana para llevar cubos con agua desde las casas al foco que aún era pequeño. Todo sucedió muy rápido. 

En un abrir y cerrar de ojos el fuego ya estaba entre nosotros y se extendía hacia la ladera, al oeste del pueblo, donde estaba mi casa.

Comencé a correr en esa dirección gritando a los vecinos para que salieran de sus casas mientras veía cómo crecían las llamas en tamaño y velocidad alentadas por el viento.

La gente hacia lo que podía con mangueras y mantas y cubos. El aire ya era solo humo y costaba respirar.

Seguí corriendo hasta mi calle y me encontré con una muralla ardiente que quemaba sólo de mirarla. 

No pude distinguir mi casa. Todo se desintegraba dentro de esa masa ardiente. Casi no podía moverme. Sentí una corriente helada de terror en el cuerpo. 

La densidad del humo oscureció todo aunque era mediodía. 

Alguien me cojió del brazo y me sacudió: “¡Corre Miguel!». Entonces me di la vuelta y corrí hacia el centro del pueblo.  

La situación era un caos. No recuerdo los detalles después de ese momento, sólo que dormí varias noches en el pabellón de deportes junto a personas de todas las edades, que conocía de los años vividos en el pueblo. Y el olor a plástico quemado que lo impregnaba todo.

Días después, regresé al taller donde trabajaba a encontrarme con mis compañeros. 

Recuperé el aliento al ver que todos habían sobrevivido y no pudimos más que abrazarnos. Y llorar.  

También recuperé lo único que me había quedado después del incendio: la mochila que llevaba cada día. Allí estaban mi bocadillo, mis llaves, mi identificación y una camiseta extra para cuando sudaba mucho.

Al abrirla entendí que sólo tenía eso. 

Todo lo demás se había convertido en cenizas: mi hogar, mis libros, mis recuerdos, mi ropa, mi bicicleta…Todo eso ahora era nada.

Era el fin de algo. Eso estaba clarísimo. Pero: ¿Podría empezar de nuevo, de otra manera?

Quise recordar los días pasados y sólo había humo en el intento.

Entonces salí caminando del taller,  del pueblo, mochila al hombro, sin saber donde iba. Sin mirar atrás.

Así fué que anduve mucho camino conmigo mismo.

Imagínate.  

Ahora puedo decirte que no tenía ni idea de quien era yo o de cómo estar conmigo en aquel entonces. Sin embargo durante mi viaje comencé a descubrirlo.

Caminé y caminé. Enterándome de mí.

Sencillamente dándome lo que necesitaba, fuera lo que fuera.

Descanso, comida, sol, sombra, silencio, música, encuentros, movimiento, quietud..

Y así, día a día. Paso a paso. 

Aún hoy.

No me he dejado solo.

Estuve ahí, conmigo, mientras la vida sucedía. Dándome cuenta mientras estaba sucediendo.

Sintiéndome. Aún ahora.

Viviéndolo mientras ocurre.

Aquí, y en ninguna otra parte.

AQUÍ.

 Si yo me ausento de mi propia vida, quién queda en mi lugar?

 Mi única ocupación es estar aquí, en este momento. Y me lo tomo muy en serio. De otro modo me expongo incluso a riesgos innecesarios, por despistado.

Además, para qué escaparme de lo que me trae ese momento?

Si por añorar algo pasado me pierdo una buena oportunidad?

Preocupándome por el futuro: soy capaz de aprovechar el día de hoy? 

Nunca sé lo que me espera al siguiente día o minuto. 

Aún así he sido muy insistente y me he quedado aquí, cerca, como un amigo de otro amigo.

Conmigo.

Todo lo atento que puedo.

 Así sucede. 

Es posible y yo soy parte.

 

“Cerca,
como un amigo de otro amigo”.

un punto del camino
Un punto cualquiera del camino en el que me encontré a Miguel.

¿PERO, QUÉ SIGNIFICABA PARA MÍ ESO DE «ESTAR ATENTA»?

Desde aquel encuentro con Miguel comencé a probar diferentes formas de acompañarme. De estar conmigo, con lo que me sucede cuando me está sucediendo.

De alejarme de las exigencias, de los “debería» y acercarme a lo que siento y necesito. 

 A lo largo de estos años he encontrado a más personas inspiradoras, que me sugerían cómo hacerlo y he practicado variedad de técnicas. Algunas resultaron muy desafiantes e indicaron una dirección buena para mí. Por ejemplo:

*un primer curso de Meditación Vipassana de 10 días, en el centro Dhamma Neru, año 2011.

*la formación como monitora de Atención Plena MBTB, en la EAP, año 2017.

*la práctica sostenida de 5 RITMOS, que comencé en el año 2008.

Así, practicando, experimentando, y luego guiando a otras personas, he descubierto dos ingredientes muy importantes que te comparto:

*
INCLUIR UNA PAUSA EN TU "HACER" COTIDIANO

Puede ayudarte a cortar con el modo automático de vivir y con la tensión, aportándote claridad y vitalidad.

Esta pausa puede ser de un 1, 10 ó 30 minutos.

La cantidad de tiempo y de veces necesarios para sentirte en ti y no arrastrada por los cuentos de tu mente sobre algún asunto.

¿Cómo se hace? Se aprende y paso a paso, se practica cada día con constancia.

Es sencillo aunque requiere clara intención, firme acción y una guía amable. 

Para eso estoy aquí.

*
PRACTICAR ESO DE "ESTAR CONTIGO MISMA"

Comenzando por lo más cercano: volver a tu cuerpo, como base y como centro de tu atención. 
Funciona.

Te cuento: tu cuerpo es tu sostén en esta vida y trabaja para mantenerte viva. (Si estás leyendo esto es porque lo ha hecho muy bien.) Es tu antena.

Como persona humana que eres tienes un cuerpo de mamífera, con sentidos para orientarte hacia el exterior y hacia el interior. Este sistema complejo e inteligente, te alerta de peligros y amenazas. Sin embargo también necesita descanso y asentamiento para recuperar fuerzas. Para poder continuar funcionando de la manera óptima para ti. 

Cuando reonrientas tu atención hacia ti para sentirte te ofeces una oportunidad de recuperar el equilibrio.

 

POR EJEMPLO:

Has observado el tiempo que le toma a la naturaleza construír un glaciar,
pasar del verano al otoño o desarrollar un ser humano a partir de dos células?
No es de un día al otro.
Son semanas, meses o años.
Son procesos.
Sin embargo, nosotros parece que hemos olvidado nuestra condición de animales con sabio instinto.
Nos dejamos arrastrar por los tiempos frenéticos de nuestra mente.

Queremos todo ya.
Queremos respuestas que la mente no puede darnos.
Aún así creemos sus historias y verborragias.
Y atendemos ese gran engaño.
Así durante días y días, que sumados hacen una vida:
TU VIDA.

Hay otra forma de usar tu atención a tu favor.
Durante el programa lo aprendes
y aquí abajo te cuento qué más incluye :

√ Cómo encuentras: orden propio en tu hacer, tiempo disponible para ti y capacidad de respuesta (que no es lo mismo que reacción impulsiva) estando con quien eres y con lo que te sucede.
  Por qué pretender dejar tu mente en blanco o vacía puede arruinar todos tus intentos de descanso
  Por qué en este caso NO llegar a NIVEL «PERSONA EXPERTA» te conviene y te ayudará a mantenerte como practicante, con actitud de principiante, abierta a lo sorprendente  y con curiosidad de las posibilidades que pueden surgir a cada momento
  Por qué no conocer cómo funciona tu cerebro hará inútil cualquier esfuerzo de enfoque y concentración.
  Cuando Mercedes Sosa cantaba “Cambia, todo cambia” no solo hablaba de las estaciones o del pelo de las personas y animales. También mencionaba otros aspectos humanos que inevitablemente se transforman y que puedes aprovechar.
  Cómo tu condición de animal humano te ayuda a captar la cualidad de cada momento y a decidir si es oportuna una acción o no.
  “Espalda fuerte, corazón suave”. ¿Has escuchado esta expresión? Exploramos cómo acceder a esa firmeza que te sostiene y a tu delicadeza interior. Y cómo es posible que estas cualidades, colaboren en equilibrio a cada momento, para que vivas mejor.
  Mi abuelo español decía: “Cotillea el que se aburre de su propia vida”. Sí, el chismorreo entre humanos abunda y también tu rumiación mental que puede absorber todo ese tiempo y energía que podrías dedicar a otros hábitos divertidos, rentables y/o nutritivos relacionados siempre a TU PROPIA VIDA. La de tu vecino NO, la tuya.
  Cómo darte cuenta que estás comiendo, conduciendo o divagando mientras lo haces y cómo esto puede simplificarte la vida.

AHORA
una pausa:


¿Qué relación
tiene todo esto
con el Mindfulness?

Practicar mindfulness
no tiene nada que ver con posturas especiales,
cantos o accesorios que debas comprar.

Consiste en estar contigo misma,
atendiéndote de forma amable y observadora.

Es practicar esa actitud,  
y aprenderla, llevándola adelante dia a día.

Para empezar necesitas tomar contacto con la técnica y encontrar tu propia manera de incorporarla a la vida cotidiana.

Aquí el acompañamiento individual que te ofrezco puede ayudarte a reconocer tus resistencias y a superarlas para continuar practicando.

Resistencias son esas excusas con disfraz de razones que aparecerán poniendo en peligro tu práctica.

Practicar es LO MÁS IMPORTANTE en este caso.

Luego ese “darte cuenta” se va expandiendo, hacia más momentos de tu día, aportándote beneficios en general, que te comento más abajo y también beneficios particulares, relacionados a tu intención y constancia.

 

Ya sabes que, como en casi cualquier cosa,
al practicar experimentas.

Y así aprendes.

 
 
El programa también incluye:
Esa acción que llevas practicando con éxito desde que naciste y que al reconocerla se transformará en tu mejor aliada.
  Cómo el darte cuenta que estás en piloto automático y cambiar a modo “siendo y estando” refrescará tu rutina.
  La manera más amable, económica y honesta de acompañarte a tí misma en momentos de dolor. Tienes el potencial de ser tu mejor amiga aunque no hayas practicado antes y no te hayan enseñado como hacerlo.
  Por qué reconocer la diferencia entre “hechos”, interpretación de los hechos y relato de los hechos puede ahorrarte discusiones inútiles contigo misma y con otras personas.
  Porqué el estrés no es lo malo que dicen que es y cómo tu sistema nervioso funciona como una tabla de surf a tu favor.
  Como intentar evitar el dolor, el miedo o la ansiedad puede agotar todo tu dinero, energía y tiempo. O la historia del hombre que tenía tanto miedo a su sombra que intento huír de ella hasta que se agotó y murió.
  La razón por la que recibir y nombrar lo que sientes te permitirá ser una buena anfitriona de tus emociones y no su víctima.

¿Y ESTO ES POSIBLE PRACTICANDO MINDFULNESS?

SÍ.

Todo eso y lo que tú misma vayas descubriendo con tu práctica.
También necesitas saber que esta es una técnica orientada a la experiencia.
No es un concepto. No es un curso.
Puedes encontrar contenido escrito muy valioso en libros o internet si prefieres leer e informarte.
 Si estás buscando un máster o un certificado por participar esto no es para ti.

 

Si quieres iniciarte en aprender
algo útil para practicar cada día de toda tu vida
y recibir los beneficios, entra.  

  PROGRAMA ESTANDO  detalles y condiciones
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